Cuando le conté todo esto a una amiga que es fisioterapeuta, me explicó algo que mi médico nunca me dijo.
El dolor que siento por las mañanas tiene una explicación. Durante la noche, cuando el cuerpo está quieto, la circulación en los pies baja. La sangre se acumula. La fascia plantar — ese tejido que conecta el talón con los dedos — se contrae.
Al dar el primer paso, se estira de golpe. Por eso duele tanto.
Y la hinchazón de por la tarde tiene la misma causa: mala circulación. La sangre y los líquidos se acumulan en los pies y las piernas durante el día, especialmente si estás de pie muchas horas.
Me dijo que las cremas no podían arreglar eso. Que las plantillas ayudan con la pisada pero no con la circulación. Que los masajeadores dan alivio temporal pero no resuelven lo que pasa por la noche.
Y me dijo algo que no olvidaré:
"El problema no es tu pie. El problema es lo que le pasa a tu pie mientras duermes."